domingo, 14 de febrero de 2016

CLAVO QUE SE SALE, MARTILLAZO



    “Dos premisas directamente proporcionales en muchas ocasiones: a mayor talento del subordinado, mayor mobbing del superior” 

Estefanía Villanueva

      Día a día nos encontramos con numerosos trabajadores que se encuentran fatigados y angustiados por el desempeño de sus funciones en su puesto laboral. Pero no están fatigados por el número de horas que dedican a diario a su trabajo. No están fatigados por el esfuerzo físico o mental que requieren las tareas del puesto que llevan años desempeñando y/o que adoran y por el cual tienen vocación.
      Estos trabajadores están fatigados, angustiados y ansiosos por el acoso laboral al que se encuentran sometidos día a día, hora a hora y minuto a minuto en el trabajo  - y fuera de él -, siendo motivo del detrimento de la salud mental y  la salud física.
 
      ¿Qué hacer ante esta circunstancia?
 
      Ser capaz de reconocer que se está siendo víctima de un jefe acosador no es fácil. Una vez se está en el rol de subordinado obediente es complicado  darse cuenta de lo que está ocurriendo.
 
      Normalmente, el individuo acosado no tiene objetividad sobre el problema, puesto que encuentra justificaciones externas sobre el comportamiento de su superior: tendrá un mal día y se le pasará, es demasiado joven para las responsabilidades que conlleva, habrá tenido una pelea con su mujer, sus hijos son unos desobedientes y no puede controlarlos, etc.

    Estas justificaciones las hace el trabajador como si fuese algo puntual del momento, algo puntual que se convierte en el comportamiento diario e incesante de rechazo continúo, desprecio, ignorancia hacia el trabajador. Y no cesan.  A pesar de poner “excusas” a cada una de las burlas, desaprobaciones o conductas de desprecio maleducadas  del jefe,  no desaparecen.

    Es  como si jamás levantara el pie del acelerador con el acosado.

    Éste, por miedo a las represalias verbales, amenazas o ultimátums del dichoso jefe no tiene la suficiente valentía y, en ocasiones conciencia, de tomar determinadas decisiones acerca de cómo tratarlo o acceder a sus peticiones sin verse abocado a la violencia psiquica. Es como si se sintiera indefenso/a ante una amenaza constante y piensa que haga lo que haga no hay solución al problema.
Apatía, insomnio, tristeza, ansiedad, depresión... son algunos de los síntomas del acosado


    La única solución posible que se tiene en mente es que se vaya.

    Pero lo triste no es eso. Lo triste es ver a trabajadores extraordinarios y talentosos  que por miedo a sus jefes no desarrollan sus altas capacidades e, incluso, se ven sometidos a tratamientos farmacológicos para tratar ansiedad, depresión y un sinfín de sintomatologías fisicas.
    Lejos de argumentar aquí cómo hay que comportarse con un jefe/a acosador/a (dejando libertad al lector para que tome decisiones personales, puesto que los motivos por los que sigue “aguantando” al maltratador pueden ser heterogéneos en su naturaleza), quisiera hacer especial mención a los trabajadores talentosos.

    En un mundo donde la competividad, la iniciativa, la eficiencia y la eficacia son los ingredientes para el empuje y alto rendimiento de cualquier empresa, es curioso que todavía  hoy en día haya jefes “obtusos” y no valoren las altas capacidades de los trabajadores subordinados, no teniendo en cuenta las aportaciones brillantes y excepcionales de éstos.
    Estos jefes con características propias de personalidad narcisista, egoístas por naturaleza, con aires de grandeza y comportamientos realmente maquiavélicos, no van a hacer ningún tipo de cambio en sus respuestas hacia el trabajador talentoso, a pesar de todas las “brillanteces” que se le presenten por parte de él. Es más, en muchas ocasiones pueden sentirse amenazados por dicho trabajador e incapacitarle a modo de represalia en diferentes áreas del desempeño, quitándole funciones propias de su puesto.

    Esto es desolador. Es triste ver como personas que adoran sus trabajos -dada la experiencia profesional que poseen- se encuentren en situaciones de acoso laboral donde sólo ven la salida cambiando de puesto de trabajo, abandonando o sufriendo en silencio.
    Pero más triste es aún que estas personas crean realmente que no están capacitadas para el puesto, que no tienen suficientes estudios para estar donde está su jefe o que están ya desfasados, viejos o “ñoños” para realizar las funciones que anteriormente hacían con brillantez.

    Hacer ver a estar personas “quemadas”, por parte de jefes ineptos, que la culpa no es suya, que siguen siendo excepcionales, que sus aportaciones - lejos de ser inútiles u obsoletas-son maravillosas y que no tienen la culpa del malestar emocional que sienten no es fácil.
    En la mejor de las ocasiones el trabajador se encuentra triste, desanimado, pierde el apetito o come compulsivamente, tiene insomnio, se pelea con su mujer e hijos e incluso abandona el trabajo si es necesario. En otras ocasiones, dicho trabajador tiene ideas suicidas, paranoias, ideas delirantes e incluso puede padecer una enfermedad física por el estrés continuo al que está sometido.

    He aquí mi reflexión para aquellas personas que realmente encuentran en su profesión una vocación y no pueden desarrollar sus altas capacidades en su puesto actual: ¿Crees que merece la pena seguir luchando contra tu jefe? ¿Es necesario derrochar tu energía para que surja el cambio en tu superior?  ¿No piensas que será mejor abandonar la batalla contra tu jefe? ¿Qué lugar ocupa tu trabajo en tu vida? ¿Cuándo tiempo le dedicas a lo que realmente te importa?¿Puedes focalizar tus talentos hacia otros menesteres y desembocar el desempeño en áreas que realmente valoren verdaderos profesionales?

No eres tú el problema.

Eres brillante, como una preciosa piedra, pero tu jefe está ciego, jamás verá lo que realmente puedes hacer.

Sal de tu zona de confort.

Mereces otro jefe que valore lo que decía John F. Kennedy "Un hombre inteligente es aquel que sabe ser tan inteligente como para contratar gente más inteligente que él".